No es cuestión de dinero, es cuestión de poder 

El Lobbying (En español “Cabildeo”) es el acto en el cual un grupo de poder pretende influenciar las decisiones sociales por medio de “donaciones” o trueques de apoyo a las organizaciones que fundan ciertos sectores de la comunidad. Dicho de otra forma, son empresas obligando a las instituciones gubernamentales a hacer las cosas como ellos quieren. Ejemplo seria Tesla amenazando al gobierno de California a hacer una excepción para ellos en los impuestos, y si no, se mudan a Texas. 

Autor: Alan Esparza

Esta práctica es especialmente deplorable porque se enmascara en la buena fe de las personas y su ignorancia ante estos sucesos. En el caso de Tesla, las razones por la cual la comunidad no quiere que esto pase es porque “nos ofrecen trabajos” o concesiones, que a la larga solo les genera un mal. No nos sorprenda entonces que haya miembros de la comunidad que no quiere que se den estos cambios, pues no se dan cuenta que lo que están entregando es mayor a lo que los puede beneficiar.  

Fotografía: Rolando Ramos (@rramoscardona)

Un caso puntual es el de las farmacéuticas americanas, que por medio de “recomendaciones” mantienen la salud privatizada en ese país. Pero no es exclusivo de un solo sector social. Es aquí en donde el poder toma relevancia, pues, aunque en el ejemplo anterior las motivaciones son meramente económicas, hay grandes “apoyos” que pretenden ejercer una supresión por medio de estas prácticas con el mero fin de seguir perpetuándose, manteniendo un círculo vicioso de actos que favorecen a unos pocos.  

En México sucede algo similar con la cultura “empresarial”, en donde se alaban las prácticas abusivas a cambio de un reconocimiento del poder. Y estos empresarios promueven sus abusos, no solo en un aspecto de aprovechamiento económico, sino que el mismo sistema lo celebra e impulsa.  

Es por eso que encontramos la moda del Queerbaiting desagradable: por un lado, se celebra una cultura minoritaria, pero de los residuos se financia los grupos sociales que más fervientemente se oponen a su exposición. 

No nos confiemos entonces en esta romanización trivial de nuestras causas: si los grandes monopolios parecen estar de acuerdo con nosotros, es señal de alerta. Pues detrás de la pantomima se esconde el verdadero fin de este ejercicio. No es cuestión de dinero, es cuestión de poder. 

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