Mac Miller y los rostros de Dios

I. Es común escuchar que el rap es un género que se preocupa única y exclusivamente por hablar de mujeres, drogas, armas o alcohol, y nosotros no estamos aquí para negarlo. Para lo que sí estamos es para decir que, así como en todo, hay algunas excepciones.

A partir de hace algunos años artistas como Kendrick Lamar y J. Cole le han dado la vuelta a la superficialidad de estos temas y los han convertido en algo más. Gracias a ellos el género se nutrió y tomó otros caminos; mientras que Kendrick hizo álbumes conceptuales repletos de consciencia, J. Cole procuró la reflexión al respecto del dinero y la fama como armas de doble filo.

Mac Miller fue una de esas excepciones en el género. No por nada desde el principio su música tuvo un enfoque diferente. El tratamiento de los temas era más juguetón y desenfadado que en el resto de la escena. Tal vez la edad y su carisma influyeron en esto. Pero Mac creció y la fama también. Entonces, a partir de Watching movies with the sound off (2013) todo cambió. Su música optó por el camino de la introspección y, en ese viaje hacia adentro, retrató de manera singular diversos temas, entre los cuales destacan el amor, la depresión, el sexo y las drogas.

En segundo plano y de un modo bastante peculiar está lo que respecta a Dios. En muchas de sus letras Mac lo menciona de manera fugaz. Y aun con esa fugacidad logra construir imágenes y juegos variados que resultan más que interesantes. A veces en un tono retador, a veces como una broma inocente y otras tantas como una pregunta genuina sobre su naturaleza, Mac pone sobre la mesa algunas de sus lecturas sobre Dios.

Fotografías: Sara Faya (@________safalex)

II.
Dentro de la mixtape Faces (2014), en la canción Inside Outside, Mac nos dice lo siguiente: “Todos quieren ser Dios/ excepto Dios, él quiere ser como nosotros”. El primer verso no tiene mucha ciencia aunque, por un lado, se refiere al hecho de que muchas personas quieren ser Dios. ¿Para qué conformarme con ser un humano pudiendo ser Dios? Por otro lado, hace referencia a la idea de que en el género todos quieren o dicen ser los dioses del rap. Quien lleva este título es el mejor rapero de todos los tiempos o, por lo menos, de la actualidad.

El segundo verso no sólo tiene más tela que el primero sino que también es mucho más profundo por todo lo que implica. Mac asegura que mientras esa gente anhela ser Dios (dentro o fuera del rap), Dios no desea nada más que ser un humano. Una posibilidad que quizá nunca antes habíamos considerado.

Este es el momento en donde nos preguntamos y bueno, ¿por qué Dios querría ser un humano? Nosotros podríamos arriesgarnos a decir que ser Dios no es algo tan envidiable como pensamos. Detengámonos un momento y veamos cuál es nuestra posición en el mundo: somos gente de carne y hueso, moriremos, pero podemos romper las reglas, maldecir, sentir deseo, salir de fiesta, bailar, emborracharnos, tener sexo o decir que sea lo que tenga que ser antes de cometer una estupidez. En otras palabras, somos capaces de divertirnos. ¿Allá en su reino justo y luminoso se divierte Dios? ¿Acaso los rosarios son más divertidos en las alturas? ¿Existe la posibilidad de que las carcajadas de Dios sean los relámpagos que vemos surcando el cielo? No hay forma de saberlo.

Fotografías: Sara Faya (@________safalex)

III.
El año siguiente, y en un tono menos visceral que Faces, Mac Miller lanza el álbum de estudio GO:OD AM (2015). En este proyecto tenemos la canción 100 grandkids, en la que Mac recuerda, ya en la cima del éxito, cómo fue que empezó su carrera como artista y la primera vez que ganó cien mil dólares. La imagen que tiene de sí mismo es la de un Dios, pues gracias a su música la gente que lo rodea vive bien y tiene un sueldo. Sin embargo, no es aquí en donde queremos detenernos.

Aprovechando los elementos que están en juego dentro de esta canción (la música, el dinero, las drogas y la figura de Dios), Mac dice de pronto: “Me desvanezco, he estado drogándome toda la semana / pero ¿qué es un dios sin una pequeña sobredosis? Sólo una G”. Dicho esto, prestemos atención al segundo verso. Desde un ángulo socarrón entendemos que Mac cuestiona la autoridad y la naturaleza de un Dios que nunca antes ha tenido una sobredosis. ¿Si tu Dios nunca estuvo ahí, en verdad es un Dios? La imagen es increíble y a primera vista pensamos que éste no son más que un gesto retador de su parte. Como hemos visto antes, Mac Miller no tiene reparos de poner a Dios en situaciones que muchas personas juzgarían de heréticas. El asunto es que el verso pierde su intención primordial en español.

En inglés la letra dice: “But what’s a God without a little OD? Just a G”. Sólo así somos capaces de entender que este verso es un juego de palabras buenísimo. Es verdad que la insolencia de Mac en la lectura anterior es seductora e ingeniosa pero, leído en inglés, vemos que está hablando de manera literal. Asegura que la palabra GOD sin las letras O y D acaban por dejar sola a la G; que el mismo verso tenga dos caras (cada una con un tono y una intención diferentes) resulta de una riqueza fantástica y sin lugar a dudas afianza la capacidad lírica de Mac Miller como el gran rapero que fue.

Fotografías: Sara Faya (@________safalex)

IV.
Aquí es cuando se apagan las luces, se cierra el telón y el público se pone de pie, aplaudiendo hasta que las palmas de sus manos se pongan rojas y los ojos se les llenen de lágrimas al recordar al buen Mac Miller.

Autor: Ringo Yáñez.

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