ENSAYOS

Las elecciones son una farsa: México está sometido por los partidos políticos.

Uno de los elementos esenciales de una República es el Senado, y si algo caracteriza al Senado de nuestra República es su predictibilidad; ahora que se votó por legalizar el uso lúdico de la marihuana, todos sabíamos cómo iban a resultar las votaciones: Morena vota a favor, PAN en contra y PRI se abstiene. Pareciera que hay un guion dictado por las conveniencias electorales de cada partido, es como si los políticos se hubieran convertido en una maquina autómata al servicio de los organismos que los encajaron en el poder. Hoy, la verdadera función de la Cámara de Senadores no es discutir asuntos legislativos, es servir como espacio para que los senadores digan pendejadas y el escudo del partido pueda salir a relucir en la tele.

“Arriba el PRI, abajo el pueblo.”
Fotografía: Rolando Ramos Cardona

El hecho de que los partidos políticos estén condicionados por los accidentes que los hacen más atractivos que otros partidos, podría parecer una buena idea porque tendría que significar que el votante, es decir, el pueblo, estará contento. El problema se nos revela cuando damos un vistazo más atento a estos accidentes y descubrimos que están construidos a partir de la narrativa antagonista que el partido se haya inventado para otro partido con el que disputa el poder; en palabras más sencillas y que seguro has escuchado decir más de una vez: no votamos por el mejor, votamos por el menos culero.

La política mexicana se balancea peligrosamente hacia el bipartidismo: Con Obrador al frente de Morena colgándose su medallita de Benito Juárez y el PAN poniéndose de pechito para que les digan conservadores; en tan solo casi tres años desde el triunfo de Morena, la política en el país ya hasta adoptó el lenguaje polarizador de la Guerra de Reforma, así de divididos estamos. Las elecciones pasadas vimos a Morena contra el PRI y el PAN, ahora estos dos últimos se aliaron oficialmente (Va Por México); es interesante porque nos dejan ver que las diferencias ideológicas que llevan más de 80 años peleando, de repente desaparecieron cuando llegó un contendiente más grande. Los partidos políticos no son diferentes corrientes de pensamiento conviviendo en un único gobierno, son fuerzas de poder político destrozándose por ser el único gobierno.

Los partidos políticos son por naturaleza dictatoriales, sustento mi afirmación en la noción de que el poder siempre debe estar en crecimiento porque si no se pierde. Los partidos tratan de ocupar el mayor número de lugares dentro del gobierno, en teoría lo hacen porque creen que es lo mejor para nosotros, pero en el proceso el Senado se vacía de personas y se llena de autómatas, los candidatos dejan de incluir propuestas en sus pancartas porque la pintan de un color que las simboliza y los memes abundan; pero allá en el fondo, entre el ruido individual que genera cada noticia y cada meme que nos regala este sistema de mierda, se esconde el gran panorama: una pirámide que poco a poco se tiñe de un solo color. Algunas veces las pistas son evidentes, como cuando un partido gana las elecciones a nivel federal y tiene mayoría en las cámaras, otras veces son más difíciles de captar, como cuando ese mismo partido crea una nueva fuerza “para proteger a la población” y poco a poco militariza las calles. En 2018 los ciudadanos votaron a favor de la Guardia Nacional, pero la militarización no la decidió la ciudadanía; a nosotros solo se nos permite elegir cual va a ser nuestra dictadura los próximos 6 años.

La democracia representativa es imposible en un sistema partidista. Nos engañan haciéndonos creer que abogarán por nosotros porque los pusimos en el poder, pero desde la perspectiva del político no fuimos nosotros quienes le dimos el puesto, fue el partido, y ahí estará su lealtad.  Por la naturaleza de estos actores políticos sometidos no podemos esperar que el gobierno decida terminar con los partidos. Es un trabajo que me temo debemos de hacer desde fuera, juntos para destruir el sistema que nos divide.

Sé que no puedes darte de baja del INE, pero a este proceso electoral, por favor ya no le creas, que no te vean la cara, México merece democracia.

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