ENSAYOS Social

Amor responsable

Te veo pero no estás aquí, me oyes pero no me escuchas. Te da igual cómo pienso, me dices que me quieres pero no estás dispuesto a cambiar para dejar de provocarme daño. Te quiero, pero sinceramente me provocas dolor y desconfianza.

Fotografía por: Silvia Tovar

En los últimos años las cosas han ido cambiando radicalmente en muchos sentidos. Los ideales de un amor perfecto fueron cayendo a pedazos para transformar nuestras vidas y relaciones en algo más real y objetivo. Estamos en un punto en el que ya no buscamos un amor de cuento de hadas, sino una relación comprometida que realmente nos haga tener los pies en la tierra para construir un camino equitativo.

El concepto de responsabilidad afectiva hace referencia a ser conscientes del peso que nuestras acciones tienen en la vida de los demás, no solo en una relación de pareja, sino que también implica los lazos familiares y amistosos. Tener en cuenta las palabras “Acuerdo” y “Diálogo” es fundamental para razonar sobre la importancia que la responsabilidad afectiva implica en nuestras vidas a la hora de desenvolvernos con alguien más. Este nuevo concepto lleva poco tiempo de surgido y ha sido relevante para abrir los ojos de la gente y darse cuenta del error en el que constantemente habíamos estado cayendo.

¿Quién en algún momento no se topó con el pensamiento de “Deseo que me quieran como yo quiero”? El egoísmo constantemente hace eco en la vida de las personas, pues es tan fuerte que nos suele cegar e implica intentar recrear un amor romántico que con el tiempo puede terminar quebrando las ilusiones y autoestima de las personas a largo plazo.

El concepto de amor romántico, por su parte, no es algo novedoso. Podemos remontarnos al siglo XVIII con autores y autoras como Jane Austen y Emily Brontë, quienes con sus exquisitas obras nos llenaron la cabeza de aspiraciones a un amor ideal. Con el tiempo terminaríamos decepcionados sabiendo que los grandes amores siempre fueron imperfectos. La pregunta del millón es ¿Por qué? ¿Por qué en los amores ideales siempre había alguien que sufría? ¿Por qué es doloroso estar en una relación que tomamos por “perfecta” y que con el tiempo nos termina haciendo tanto daño? ¿Estamos en deuda con alguien por querernos? ¿Debemos callar para no herir o molestar al otro? ¿Es válido perdonar un amor dañino? No, no es válido y nadie está forzado a aguantar un mal trato por “cariño”.

La responsabilidad afectiva busca romper estos conceptos que por tanto tiempo nos dieron dolor de cabeza y nos encaminaron a la búsqueda de un amor “ideal” y totalmente equivocado. Este concepto nos dice que no debemos llenarnos de expectativas sobre alguien o sobre alguna relación, sino que debe haber un mutuo acuerdo para querer a la persona tal cual es, además de saber enfrentar de manera objetiva e igualitaria las circunstancias que lleguen a presentarse para ambas personas.

Nadie puede saber lo que siente alguien más, pero si podemos poner de nuestra parte y tratar de ser empáticos. La empatía es una palabra clave para una relación responsable, ya que nos proporciona la capacidad ponernos en el lugar del otro y despegarnos un poco de nuestra realidad para así entender su contexto y entenderlo.

Saber que una acción puede llegar a hacer sentir mal a la otra persona, a pesar de que para nosotros no tenga importancia, y aun así practicarla es ser egoísta y para nada empático. En cambio, saber que algo puede generarle conflicto a la otra parte y hablarlo para evitar un malentendido, o simplemente evitarlo, demostrará la capacidad de comunicación y acuerdo justo en la relación.

El dialogo es fundamental, pues si no comunicamos nuestros sentimientos y emociones no podemos hacerle ver a los demás el conflicto que nos pueden generar sus comportamientos, cosa que provocará que terminemos en un limbo en el que estemos dispuesto a sufrir para no tener problemas, pero que involucrará un dilema personal a largo plazo.

La responsabilidad afectiva tiene como propósito la creación de lazos afectivos desde el cuidado y el diálogo, gracias a esto las relaciones nacen con los pies en la tierra y se crea un desarrollo de un camino que permita el amor con libertad y con consenso. Ni grandes expectativas, ni roles de poder dentro de las relaciones, simplemente dos personas que buscan quererse tal cual son.

Si bien la responsabilidad afectiva comienza a ver la luz después de una lucha constante por la necesidad de una atención adecuada a nuestros sentimientos, este nuevo concepto ha tenido que adaptarse a una sociedad que le da más importancia de su salud mental, generando cambios positivos conforme el tiempo pasa. Nadie debería estar dispuesto a sufrir por amor o por ignoro, pues ha llegado el momento de hablar las cosas tal cual son sin el miedo de una ruptura con una persona importante ya que, si existe cariño, este deberá estar acompañado con el respeto, la comprensión y la comunicación. Un amor no es una construcción que se lleve a cabo simplemente con una sola persona que trate de mantener las cosas a flote, sino que debe de ser un trabajo dinámico y en un equipo que sea capaz de aventurarse a un camino de diferencias y problemas para ser capaces de lidiar con ellos y conservarse juntos.

Nadie debe rogar por amor o por atención, pues si es así claramente no es el lugar correcto para estar. ¿Te molestan los cambios a último minuto sin previo aviso o remordimiento? ¿No toman en cuenta tu opinión sobre algún plan? ¿Se molesta si tratas de hablar sobre cómo te sientes? ¿No está dispuesta o dispuesto a cambiar? Bueno, debes estar seguro de algunas cosas: Eso no es una relación de mutuo consentimiento, eso no es una relación realmente sana, hay amor egoísta y claramente tú no eres el problema.

 Debemos aprender a decir “Si” o “No” cuando lo creamos pertinente, discutir el asunto para asegurarnos de que la otra persona sepa cómo nos sentimos y ser conscientes que, si existe molestia o disgusto por ello, no estamos obligados a quedarnos. El amor no debe doler jamás.

Mientras exista empatía, respeto y comprensión, las cosas pueden llegar a marchar de una forma quizá no ideal, pero si segura y razonable para todos. La responsabilidad afectiva no garantizará que el amor sea perfecto, pero si ayudará para que los sentimientos y las emociones tengan el lugar que se merecen; ayudará a que exista el amor cuidado, fuerte y equitativo.

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