Los Retratos

Son las 06:10 am. Tomo el camión en la estación, tengo que esperar aproximadamente 10 minutos antes de que este llegue. En ese tiempo veo a la gente apresurada por tomar su camión correspondiente, apretando el paso. Los rostros de estas personas parecen retratos pues todos son una combinación de sueño y fastidio, además, la luz de la estación los ilumina de cierta forma que estos se ven de una manera triste y sombría, yo solo soy uno más de esos retratos. La arquitectura es fría, blanquecina con algunos toques de gris, un par de bigas insertadas en toda la estación sostienen un domo en cada uno de los andadores, los anuncios publicitarios que adornan la escena son siempre los mismos pueden cambiar las marcas, los productos y los rostros plasmados, pero nunca el mensaje lleno de colores o la falsa felicidad de estos.

Ingreso en el autobús y me siento en los antepenúltimos asientos, así contemplo todos los rostros que suben, algunos de ellos ya son familiares otros meramente se pierden en mi memoria. Al poco rato de entrar me vencerá el sueño, viajare en mis fantasías hasta entonces. Me despierto dos o tres paradas antes de llegar a la mía. (otra estación). Bajo del camión todavía somnoliento, un par de retratos me observan de reojo, continuo con mi trayecto hacia el otro anden para el cual tengo que atravesar un túnel el cual es ligeramente largo y tiene luces en el centro del techo cada cuatro pasos, al pasar los retratos por esta luz se logra percibir un halo de cruda realidad o desesperanza, es extraño lo que le hace el transporte público a las personas. Al salir del túnel comienzo a ascender para estar totalmente en el andén, veo la parada de mi siguiente autobús y procedo a incorporarme en la fila, siempre encuentro a una persona fumando –El olor me irrita–. Contemplo el amanecer que está a mi espalda, veo como los rayos de sol intentan abrirse paso entre las espesas nubes (nadie más lo observa), suspiro y siento lo frígido del clima. Llega mi camión, entonces no hay más opción que resignarme y abordar el transporte hacia mi destino.

Hoy especialmente el sueño me ha hecho una faena, me he despertado tarde no logro mantener mis parpados en su lugar, suben y bajan cual montaña rusa y con ellos mi cabeza les sigue el ritmo. Al tomar el camión 20 minutos después me costara (obviamente) llegar tarde a mi destino. El camión está a reventar de gente, en este punto parece que a las personas no le da el seso para más, en otras palabras desencadena en crear coágulos de personas a través del camión que no permiten la movilidad por el mismo lo que termina en recibir dos o tres o tres golpes e incomodos roces de vez en cuando, eso aunado a mi montaña rusa hace que mi paciencia se esfume por completo.

En medio del tumulto un retrato se levanta de su asiento permitiendo así que los demás se muevan y me deja libre el paso para tomar su asiento, en el proceso recibo un golpe (ignoro el suceso). Al poco rato de sentarme empiezo a hundirme en el dulce mar del sueño, un momento antes de tocar fondo un golpe bien acertado en la mandíbula hace que descienda brutalmente sobre el pasillo, las personas miraron mi caída y solo se apartaron, nadie se preocupó por ir a socorrerme. Trato de reincorporarme con poco éxito, al cabo de poco tiempo logro permanecer de pie sin prestar aún atención a mi entorno, la escena se ha tornado luminosa como la estación, las personas pasan de ser retratos a simples sombras que ocupan un espacio más en este extraño paisaje. Todas las sombras están inmersas en mi presencia esperando, siento la presión, su mirada pesada a pesar de la ausencia de un rostro, soy un extranjero. En el momento en el que la tensión está cerca de su punto de ebullición el autobús llega a la estación. Apartan su vista de mí y de par en par salen igual que una coreografía, salgo aún desconcertado.

La estructura de la estación es igual de fría que siempre, algunos detalles son diferentes, aunque podrían pasar desapercibidos la única diferencia significativa es que el túnel es ahora un puente y la luz es cegadora. A pesar de estar desconcertado, ser un extranjero y una anomalía en este entorno no puedo dejar de sentir un aire de familiaridad, es como si todo hubiera sido así desde antes, hay filas donde se supone que deben de estar, sombras de aquí para allá, pero ningún ómnibus, también parece algo escondido entre mis pensamientos.

Decido cruzar el puente como si fuera el recorrido habitual hacia mi destino, en el momento en que llego a la mitad del puente mi corazón empieza a palpita de manera acelerada, mis respiraciones son intermitentes y con dificultad, no puedo fijar mi vista en un punto, un vacío comienza a expandirse dentro de mi pecho, voy a desvanecerme, logran escapar gritos ahogados de ayuda de mi boca, trato de llegar al final del puente con la esperanza de sentirme mejor pero con cada paso que doy mi condición empeora, cuando logro llegar al final de puente recobro ligeramente la compostura lo suficiente para subir al único trasporte en el lugar, presiento que es un escape de paraje, nada tiene sentido y mis malestares menos. Las sombras por su parte continúan su curso sin inmutarse de mi situación voltean una que otra con sus imperceptibles rostros.

Abordo el ómnibus, vislumbro que el chofer soy yo con los ojos hundidos y mi piel pálida, un escalofrió recorre mi cuerpo céfalo-caudalmente, la sensación es parecida a ver el precipicio ante mis propios ojos, una cara diferente de la misma moneda, me ve fijamente, esa mirada puede ver dentro de mi alma, oigo en mi cabeza su voz juzgando, reprochándome, culpándome de todas mis acciones, decisiones. Empezó como una voz ahora son un cumulo y sus ecos le escoltan. En cuanto subí, me replegué por el horror conforme la voz crecía en la parte trasera, sin dejar de ver los únicos ojos entre las sombras, se puso de pie y no dejo de verme, las sombras abordo se extendían, la oscuridad era absoluta, su figura se difumino pero mantuvo esos malditos ojos flotando.

Toda la escena fue eterna lo cual me hizo apretar mis ojos para tratar de desaparecer la tétrica imagen, aunque no creo que haya durado más de 15 segundos, la ansiedad y aversión hacían que mi única idea clara fuera el clavarme en las muñecas o cuello cualquier objeto con tal despojarme de ese desprecio, del dolor y no sentir nunca más nada, sin embargo, la sensación cesa de forma abrupta… Sin ninguna noción de lo que ha sucedido abro los ojos para darme cuenta de que sigo en el camión tumbado en el suelo con los retratos atentos a mi condición pero sin ningún tipo de ayuda, atónitos por mi comportamiento. Con lágrimas en los ojos me levanto y me seco las lágrimas todos me observan mientras llegamos a la estación, todos salen sin dejar de verme o viéndome de reojo. Salgo, todo es igual que siempre nada ha cambiado en lo absoluto, la misma pintura sombría, cruzo el túnel, veo la parada del autobús reincorporándome así a la fila, no me queda más que aceptar mi soledad, pensar en lo que ha sucedido, resignarme e ir hacia mi destino.

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