ENSAYOS Política

No, no es la revolución, son época de elecciones

“La revolución no será una retransmisión, hermanos

La revolución va a ser en vivo”

Ilustración por: Leslie Salvén

Llego el día más esperado. Un supuesto nuevo comienzo. El día en que, en el plano internacional, las cosas por fin empezarían a salir bien. A nombre de la ciencia, y los hombres capaces de llevarla a cabo. Fue una lucha desarrollada a través de décadas, con un inmenso esfuerzo, pero por fin está dando sus frutos. La juventud se impondría ante las cadenas de las viejas usanzas. La inclusión, el respeto, y todo los valores que hasta ahora habían sido leyendas, por fin estarían presenten en el poder de turno. Llego y paso el día, sin nada nuevo, pero nos pidieron paciencia.

Ese es el discurso que suele repetirse cada 6 años (4 si hablamos de otros mandatos). Y sin falla, todo se mantiene igual que siempre. ¿Dónde quedaron las peticiones que con mucha efusividad hicimos? ¿Dónde están los héroes que escuchaban y respondían a nosotros y no a una voz opresiva? Están junto al espectáculo, justo después de la novela de las 8.

Ahí yace el truco. Dejando de lado especulaciones y teorías: el cambio no saldrá en las noticias. O al menos el cambio verdadero. Ya no los advertían los antiguos agitadores, incluso hemos visto ejemplos: el movimiento punk se volvió un punto de venta para las tendencias de moda, los hippies era solo una versión comercial e inofensiva de la verdadera resistencia. Todo aquello que importa será vendido, diluido en conformismo.

No, el trabajo no está terminado. Ni las aguas se van a dejar de agitar. Es precisamente en este momento en donde las cosas importantes ocurren. Pero hay que saber discernir de un cambio honesto a un discurso hecho para conseguir votos.

Slavoj Žižek tenía razón, el sistema actual simula una revolución cada cierto tiempo, revuelve el mecanismo pero sin cambiar la forma en el que este funciona. El problema no radica en quien se haga cargo del poder, el problema está en la forma en la que se maneja ese poder. “Es más fácil imaginarse el fin del mundo que el fin del capitalismo”, y nunca eso había sido tan cierto.

Los únicos medios enfocados en promover una visión más general de la realidad han sido tomados por los elitistas. El arte moderno, no hablando del arte comercial, es solo un producto más que funciona como mercancía y pretende responder a las sensibilidades de aquellos en peligro pero ¿Cuándo hemos visto que algo relevante sea expuesto por aquellos fuera del círculo privilegiado?

Pero no hay que ser pesimistas, pues el espíritu de la revolución sigue rondando las calles, discreta,  manteniéndose viva a través de la juventud inconforme que dedicara su vida a perseguir el ideal de la justicia y la igualdad. Y aun sabiendo que llegara el día en el que en lugar de ser parte de la resistencia formaremos parte del estatus quo que la oprime, debemos estar felices sabiendo que siempre habrá alguien peleando por lo más justo.

El espíritu de la revolución habita en el corazón de la juventud

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