ENSAYOS Social

¿Hay alternativa para la navidad?

Ilustración por: L.R.

A finales del año pasado viaje a los Estados Unidos con fin de reunirme con mi padre (quien se encuentra ahí en una situación entre que ilegal y no, como si el país de la “libertad” fuera una amante) para pasar las fiestas de fin e inicio de año en familia. Obviamente nos pusimos al corriente como no lo habíamos hecho nunca por Whatsapp y entre tanto me contó que el trabajo que tiene ahora es distinto al último del que me había enterado, esto debido a que la nieve congela las actividades que normalmente tiene que realizar, pero se abren nuevos trabajos temporales dentro de las fábricas. Y eso es lo que hace ahora; Trabaja en una fábrica que se dedica a hacer, acomodar y empacar regalos personalizados que la gente norteamericana pide online y por obvias razones, la producción aumenta previo a navidad. “En los regalos” es lo que mi padre hubiera contestado si alguno de los tantos latinos, vecinos de mi padre, le hubieran preguntado qué en dónde trabaja, Personal Creations, por si lo quieren googlear.

Mientras me describía como funcionaban las maquinas que cagaban los regalos ya manufacturados y las líneas de rieles que los transportan en cajas para que después el los acomodara entre estanterías infinitas para que llegaran a las personas correctas, mi mente comenzó a divagar e imaginar distintas cosas, primero, lo irónico de la situación; mi padre (así como yo) es una persona chaparra que no alcanza la (tan codiciada) media mexicana de los 1,70, trabajando en una fábrica de regalos para los norteamericanos mientras la nieve cae. Solo falta que un viejo barbón tomando Coca-Cola sea el dueño.

Lo segundo, (y un poco más próximo a lo que quiero llegar con todo esto) me pregunté a mi mismo ¿Qué habrá pensado este hombre barbado para crear una compañía que se dedicara personalizar regalos? ¿Lo habrá hecho con un fin bondadoso o cursi de querer ver a la gente con tazas, playeras, cubre bocas, etc. Prácticamente diseñados por y para ellos mismos? ¿Se le habrá ocurrido inocentemente después de enterarse que Santa no existía? ¿Realmente la gente tiene tantas ganas de ver la cara de sus familiares bordados en un suéter? Insisto, ¿Qué tan buena intención tenía cuando quiso hacer tangible una fábrica que le da trabajo a mi padre cuando no lo hay y que suena tan armoniosa como “fabricar regalos”?

Y si, realmente mucha gente se queda sin empleo para época de nieve y con la pandemia hubo otros empleos que cerraron, pero en “los regalos” para estas fechas la producción sube y la fábrica seguía lineamientos estrictos de sanidad (ellos te proporcionaban los cubre bocas que podías tomar después de pasar la mano por la expendedora automática de gel antibacterial, con divisiones plásticas entre asiento y asiento para la hora del lunch, uso de lentes y guantes, etc etc.)

En fin, es el lugar idóneo para trabajar si eres un latino en estas anteriores condiciones (siempre y cuando estés dispuesto a trabajar doce horas y media al día incluyendo fines de semana), sinceramente no creo que el dueño haya tenido malas intenciones, es una de esas situaciones de ganar-ganar, ¿no? Es una respuesta idónea a las necesidades del mercado, generar muchos empleos, satisfacer las “necesidades” de muchas otras personas y lo mejor de todo ¡Diseñados por ellos mismos!

Mi padre me contó que tuvo que revisar el pedido de una chica, Bethany para efectos prácticos, quien sorprendentemente había encargado cuarenta y dos productos de la fábrica, esto le resultó sorprendente puesto que la mayoría de los pedidos no iban arriba de veinte a lo mucho, cada uno envuelto, por supuesto, con dos capas de envoltura plástica y unicel en la caja para que no se maltratara y el cliente lo pudiera recibir felizmente sin arruinarle la navidad.  

En varias ocasiones fuimos mi madre y yo a recogerlo, yo iba de copiloto checando maps para no perdernos y mi madre muy atenta en el camino, la fábrica estaba pasando una carretera que dividía un bosque a la mitad y de vez en cuando teníamos que esquivar los pedazos de venado que había dejado algún otro conductor en la madrugada (que posiblemente se dirigía a los regalos o a la refinería que estaba cerca, refinería adornada con cinco tubos que expulsan furiosamente un humo que creaba nubes en minutos), cuando llegamos noté que la fábrica tenía un estanque con solo la mitad congelado por el frio, pero no entendía por qué solo la mitad, “¿y la otra mitad qué?” le pregunté a mi padre y no me supo contestar, “solo dios sabe” y si, porque lo único que todos los empleados sabían es que estaban exhaustos, pero valdría la pena al ver los cheques y saber que, al igual que Bethany, podrían encargar cuarenta y dos regalos personalizados para la navidad de sus familias.

Todo esto me hizo pensar la siguiente tercera cosa, ¿No hay otra alternativa? De poder conseguir estos beneficios de la clase media estadounidense, esta comodidad de calefacción, esta felicidad empaquetada, sin recordar a Greta Thunberg enojada, o a Zhang Yin, que se enriqueció llevando la basura gringa a ruralidades chinas para que los locales la separaran (que ya no, porque ahora la basura gringa se queda con los gringos), entonces, recordé el dicho popular acuñado por Margaret Thatcher, no, no hay alternativa.

Para 1992, Francis Fukuyama, que a pesar de su nombre es estadounidense, publica un libro; “El fin de la historia y el último hombre” donde menciona que ya ha acabado la historia, que ya no hay no habrá otro sistema político o ideológico distinto al capitalismo después de la muerte de la URSS y con la caída del muro de Berlín, no sé si lo decía contento o resignado, pero al igual que él, no veo otra solución. No apunto a regresar a la vida el social comunismo ni nada por el estilo, es solo que no sé cómo lidiar con todas las necesidades inventadas como comprarme ropa de Shein, pedir libros en Amazon, vivir en una casa más grande que la tuya o comprar verdura en el Súper (porque los martes es más barato). No soy una persona religiosa, más que ateo, agnóstico o cualquier cosa, me considero un serio pesimista, tengo cierta fe en mi generación, ya sea con mascarillas o tanques de oxígeno, estoy seguro que, planteando estas problemáticas en la mesa, podremos contrariar a Thatcher. (o no)

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