ENSAYOS Social

Cuando se pierde la motivación

“No desesperes, ni siquiera por el hecho de que no desesperas. 
Cuando todo parece terminado, surgen nuevas fuerzas. 
Esto significa que vives.” 
                                                    Franz Kafka 
Fotografía por: L.R.

Una acción requiere una fuerza que la impulse a ser, pero este impulso ha de acabarse en algún momento. En la vida, nos movemos gracias a una serie de fuerzas, tan acostumbrados siempre a la acción, al plan y al día siguiente.

La rutina. Lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado, domingo. 24 horas del día. Trescientos sesenta y cinco días del año.

En un momento, todo puede detenerse.

El estatismo gobierna. La emoción se duerme. Los colores se esconden de los ojos.

No hay ganas, ni motivos.

Hasta el silencio se calla de pronto. Se vacían las habitaciones llenas. El tiempo pierde sentido. Los libros ya no tienen atractivo. ¿Qué clase de vida es esa? Es, simplemente, no se puede clasificar.

¿Para qué levantarse de la cama? Una pregunta hecha cada mañana, respondida por el frío encierro cuando el Sol brilla afuera más que nunca. ¿Para qué moverse hoy?, así está bien, mañana será otro día.

Soñar que se posee algo que no se tiene, creo yo, es el inicio de la voluntad. Si dejas de dormir un día y ya no sueñas despierto, perderás el sentido. Vivir sólo de realidad es agotador, porque carece de escapes y atajos.

Sin la acción y el movimiento, viene la indiferencia, un mal terrible que insensibiliza nuestras entrañas, los pensamientos quedan a merced de la nada, una herida crece poco a poco.

Hay tanto, tanto qué decir, pero no hay palabras que puedan explicar, lengua se atrofia, la garganta enmudece… así está bien, mañana será otro día,

Llorar ayuda a veces, hablar también, pero la solución no se encuentra, sólo hay que esperar a que exista, hay que tener fe.

Exigir algo de la vida es adentrarse en un juego azaroso donde todo siempre puede ser peor o mejor, pero, ante todo, aunque no tengas ni un motivo, ni un sueño, ni una fuerza, aférrate a la vida como si de verdad fuese lo único que tienes; porque ante toda la frialdad y desesperación de perder el camino, ante la soledad de un cuarto lleno de silencio, todo se vuelve más precioso, hasta lo más mínimo, una risa, una palabra o una canción pueden tornarse de una belleza arrolladora.

Adora, en ese momento de oscuridad, todo aquello que evoque en ti alguna emoción, porque es así como se aprende a apreciar los detalles de la vida, aunque podamos despreciar la existencia, está bien ¿Quién es experto en existir?

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