El privilegio de menstruar

Aportación de Alessandra Sapién

El día 21 de octubre del 2020 se llevó a cabo un proceso de suma relevancia para todas las mujeres en México.

Ilustración: Lorena Segundo

Todo empezó el día 8 de septiembre del 2020, cuando diputadas de diversos partidos políticos, lideradas por la diputada Martha Tagle, presentaron una iniciativa para modificar un par de artículos de la ley de Impuesto de Valor Agregado, logrando así la eliminación del IVA en productos de higiene femenina, tales como toallas, tampones, copas menstruales, pantiprotectores, compresas y cualquier otro producto relacionado. A esta propuesta se le agregaban dos frentes más necesarios de abarcar, los cuales son la gratuidad de los productos de gestión menstrual y la generación de investigación y datos sobre la gestión menstrual en nuestro país.

Esta iniciativa tiene como objetivo eliminar una de las tantas brechas desiguales que existen hoy en día. Como expone la sociedad civil #MenstruaciónDignaMéxico en el proyecto de reforma ‘Desde una perspectiva de derechos humanos e igualdad de género, este tratamiento fiscal resulta discriminatorio y atenta contra el acceso a la salud el mínimo vital, la vida digna, el trabajo y la educación de las mujeres, niñas, adolescentes y otras personas menstruantes’.

Dándole continuidad a la propuesta, el miércoles se llevó a cabo la votación en la Cámara de Diputados, la cual se rechazó con 218 votos en contra y 185 a favor.

Pero, ¿por qué es necesaria la aprobación de esta propuesta en nuestro país?
Poniéndolo en datos, según la directora de Elefante Rosa, organización asociada a #MenstruaciónDignaMéxico, las personas menstruantes presentamos una gran desventaja económica por la compra de productos para higiene menstrual: se menstrúa en promedio 2 mil 535 días a lo largo de la vida, equivalentes a 7 años consecutivos, lo que implica el consumo de 360 toallas o tampones promedio al año, es decir, hasta 26 mil pesos en toda la vida. Se nos cobran 26 mil pesos por menstruar.

Margaret E. Johnson, en su texto Menstrual Justice, reconoce varias injusticias por las que pasamos las personas menstruantes solo por vivir este proceso biológico, como son la discriminación, acoso, violencia, insultos, desventajas económicas y hasta graves desventajas de salud causadas por no tener acceso a higiene durante nuestro periodo.

Viéndolo desde el privilegio en que podemos adquirir estos productos, sabemos que el impuesto sobre ellos es injusto, ¿qué pasa con las personas que no tienen ese privilegio de adquirirlos? Las personas en situación de calle se ven obligadas a pasar por la menstruación sin estar en condiciones dignas, a ellas nadie las toma en cuenta. Para empezar, en México no hay un conteo sobre cuántas personas viven en la calle.

Según las últimas cifras proporcionadas por CEPAL, en 2011, había 14 millones 940 mil personas viviendo en la calle, no se especifica cuántas mujeres, aunque debido a las condiciones del país, esta cifra seguro ha aumentado.

Susana González, mujer en situación de calle en México, compartió para el sitio Efeminista cómo vive ella este proceso. Menciona que uno de los problemas más severos por los que atraviesa es la obtención de agua potable, por lo que a veces suele acudir a baños públicos para asearse, ahorra un buen tiempo para poder pagar una habitación de hotel y tomar un baño, o simplemente utiliza el agua de fuentes o espacios públicos. Susana, al trabajar en servicio de limpieza para el trolebús de la Ciudad de México, al día gana alrededor de 80 pesos, lo que debe bastarle para comer, asearse y demás insumos, incluyendo toallas femeninas una vez al mes, estas rondan los 25 pesos un paquete de diez toallas que no le abastece en todo su periodo pues diariamente se utilizan de 4 a 6 toallas. Ella cuenta que, al no poder darse el lujo de adquirir el producto adecuado para su higiene, suele recurrir a utilizar pedazos de tela para no manchar su ropa, método que resulta peligroso, pues así se vuelve más vulnerable a adquirir infecciones o desarrollar otras enfermedades.

El día 21 de octubre se llevó a cabo un proceso de suma relevancia para todas las mujeres en México. Se llevó a discusión la importancia de un proyecto que significaría un gran paso a la equidad de género, considerando la salud menstrual como un punto relevante en la población de sus ciudadanas y se tuvo la oportunidad de reconocer nuestro derecho a llevar una menstruación digna. Se optó por no hacer nada y dejar que las mujeres vivan su proceso como puedan, declarando así la higiene menstrual como un lujo que pocas mujeres se pueden dar.

Menstruar no es un lujo, tampoco debería ser un privilegio.

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