ENSAYOS Social

“El futuro se desvaneció ayer”

Fotografía: Antonio Rodríguez

La obsesión en predecir el futuro en el siglo pasado puede atribuirse a los enormes adelantos culturales y tecnológicos que sufrimos de manera tan estrepitosa. Ya sea por medio de utopías, o distopias, las predicciones sobre los desenlaces culturales inundaron el paisaje y lo atiborraron de conspiraciones, deseos e inquietudes. ¿Esta obsesión ha desaparecido?

Apenas unas décadas atrás, la idea del fin del mundo inundo nuestras salas de cine. Ya sea por el cambio climático, las enfermedades, o lo obscuro que nos parecía la idea de la interconectividad que proporcionaba el internet.

En realidad, no es novedad. Este tipo de narrativas las podemos ver en dos obras que definieron la ciencia ficción en el siglo XX: Primero, Un Mundo Feliz, la idea de una distopia ideal, en donde la opresión se detonaba por medio de los placeres, el confort social. Dado que esa obra fue hecha en una época en donde había una reconstrucción  social, y los avances en la ciencias y la psicología estaban en boga,(la primera guerra mundial había terminado y solo quedaba escombros y espíritu de esperanza), fue una sorpresa para todos cuando la narrativa cambio solo unas décadas después: ahora la visión del futuro se volvía a manchar de violencia y opresión por medio del poder brutal de los cuerpos militares, 1984 se creó bajo ese ambiente devastador, pesimista sobre el espíritu humano y la visión futurista se volvió a comprometer.

Este tipo de cambios en la precepción la podemos ver de manera más concreta al inicio del milenio: el Y2K tuvo la desastrosa tarea de asustar a la humanidad, y lo que se recuerda es poco tomando en cuenta su influencia en todos los aspectos sociales. Desde películas como Matrix, hasta discos como Apocalipshit de Molotov. Todo tenía una atmosfera pesimista y el futuro era demasiado caótico. Pasar de una aparente estabilidad económica a la explosión de la burbuja del internet. Muchos estaban seguros que el daño que iba a causar iba a ser irreparable. Luego, nada. Y es así como casi siempre termina el cuento; ya sea con historias sobre zombis, o con el cansancio de la naturaleza hacia la irresponsabilidad del hombre.

Ahora Black Mirror nos advierte de los peligros de una tecnología bastante cómoda, demasiado como para no sospechar. Pero la realidad se vuelve más simple, y es esa simpleza lo que nos toma desprevenidos, pues la decadencia llega de otra forma, con otros protagonistas ¿Qué nos espera ahora que aparentemente hemos desafiado todos los pronósticos y hemos caído en un fondo más bajo del que podíamos creer? ¿Es el giro argumental que desafía la ciencia ficción de los próximos años por fin una fantasía deseable? ¿O encontraremos una nueva forma de atormentarnos con el devenir?

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