ENSAYOS

Una enfermiza obsesión

En el fondo sé que me ama, claramente me ama ¿No es así? Me observa todos los días cuando acudo a la cafetería, no podemos desviar la mirada de los ojos del otro. Que belleza de hombre, no hemos cruzado jamás alguna palabra, pero en el fondo sé que aquella conexión que tuvimos el primer día de vernos es auténtica. Desde luego que no me huye, es simple curiosidad que nos encontremos en cada lugar al que asistimos, es mera curiosidad el hecho de que no pueda quitarle los ojos de encima y que el destino sea quien nos lleve por el mismo camino, y si no es el destino tendré que influir. No, no es normal que él tenga enamorada, pero eso podremos arreglarlo después, no habrá poder humano o divino que detenga el amor incondicional que nos tenemos. Claro que nos encontramos enamorados, sin duda alguna, mientes al decir que intenta huir de mí. Eso jamás podrá lograrlo.

Ilustración: Adrián Padilla Gay

El síndrome de Adele, recientemente categorizado como trastorno mental, va más allá de un simple mal de amores. Roza peligrosamente en una depresión severa para quien lo padece y una enfermiza obsesión respecto a la persona que ha desatado la afección. Hay que saber distinguir de un amor profundo y correspondido, a un amor destructivo e irreversible.

 Este curioso trastorno deriva de la historia de Adele Hugo, la última hija del famoso escritor Víctor Hugo. Es importante mencionar que esta joven siempre estuvo dotada del ingenio, belleza y carisma, además de ser considerada una esplendida escritora como su padre. En su juventud, sin embargo, padeció de un amor tan despiadado y severo por un militar que en algún momento le fue correspondido pero que terminó enfadando y asustando al joven. El joven militar trató de huir de Adele, sin embargo, ella lo persiguió por todo el mundo con la creencia de que era un amor verdadero y que juraba tener una vida por delante con él. Pese a esto, la joven Hugo enloqueció y terminó recluida en un hospital psiquiátrico por el resto de su vida.

La afección puede provocar grandes consecuencias para la persona que la padece, que van desde problemas como insomnio, depresión, asilamiento completo y en un caso extremo, suicidio. No se logra distinguir entre amor y dependencia total a la persona, por más que el enamorado ruegue por espacio y deje en claro su desprecio o falta de interés hacía la otra persona, ésta no puede distinguirlo y no pierde en ningún momento la esperanza.

Perseguir a la persona, autoengaño, autoimagen difusa, tristeza profunda, sacrificios, victimismo severo, caso omiso a los seres queridos y comportamientos compulsivos son solo alguna parte de la sintomatología general de esta afección. La persona no encuentra vida que no sea la vinculada al ser amado. No importa que no exista amor de la otra parte, simplemente es necesaria.

¿Tú estás seguro que es simple amor o estás totalmente obsesionado sin querer aceptarlo?

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