CULTURA ENSAYOS Social

La posmodernidad y lo sensualmente trágico de ella

Ilustración por: Silvia Tovar

Cuando el espejo del mundo atribuye su humanidad a un desgraciado, este le entrega el ticket por costoso. La idea de que los tiempos anteriores fueron mejores, en sí acontece en la relatividad, porque, lo que una época siente como malvado, sellado fuera de su momento, es lo que en otro tiempo fue sentido como bueno, el altivismo de un ideal más antiguo; es más bien, un círculo. El posmodernismo (paradójicamente) pasa su etapa “de moda”, usada como “dispositivo social” (Foucault, 1975).

Ahora bien, ¿Qué es la posmodernidad? Inicialmente la palabra acude al prefijo “pos” que significa “después”, así decimos: la posmodernidad viene después de la modernidad. Luego, ¿Qué con la modernidad? Es la historia que ha hecho el hombre, originado por la época renacentista, es decir, la creación de las constituciones estatales, el surgimiento de nuevas clases sociales, la industrialización, la secularización del estado, etc. La posmodernidad comienza a tener un auge significativo después de la caída del muro de Berlín, que esta y otras filosofías (estructuralismo, existencialismo), ya habían prefigurado. El termino, de inicio, aparece con el teórico literario y filósofo francés Jean-François Lyotard, con su libro La Condición Posmoderna. Lyotard dice: este es un análisis sobre el saber en las sociedades desarrolladas. Concluyendo que en las sociedades más desarrolladas, se acumula más conocimiento y, a la par, más poder. En 1986 con la llegada de su libro “La Posmodernidad (explicada para niños)”, que para niños tenía un bledo, incluye un texto axial llamado “misiva sobre la historia universal”, donde narra la muerte de los grandes relatos: el iluminista (razón), el catolicista (premisa divina), el marxista (estado comunista) y capitalista (prosperidad). La estética es, lo relatos han muerto; la llegada de la visión teleológica del mundo, el fin de la legitimización.

La historia, en este punto llega a tener una interpretación metafísica: la muerte de los grandes relatos implica pequeños relatos o los no relatos. Es decir, se refiere a la centralización de los dialectos y no en la existencia de un gran dialecto. Lo que significa que hay multiplicidad de hechos, la historia no se desarrolla unilateralmente, más bien, arborescentemente, dando por sentado al respeto por las etnias, minorías sexuales, raciales, etc. El posmodernismo defiende la constitutividad de las minorías. Se impone la estética de la diferencia. La ilusión de la distinción.

La sociedad comienza a entenderse a sí misma, a través de sus imágenes espectaculares, por su espectáculo. Aquellas representaciones artísticas y luego mercantiles, se volvieron un espejo, retorciendo tanto la conciencia social, que el mismo comenzaría a sustituir la realidad. Guy Debord, describe una sociedad de artesanos donde el trabajo le pertenecía al individuo, llega la mano de obra y la manufactura, donde a los obreros, a los cuales ya no le pertenece el fruto del trabajo, solamente el trabajo, finalmente concluye en una sociedad de ciudadanos consumidores, donde solamente se es dueño de lo que, efectivamente, se consume. Actualmente, lo consumible ya no nos pertenece, la estructura de servicios donde nada es tangible, es inmaterial reformulan una economía de servicios donde no se posee. La tecnología, lleva al espectáculo como una parte básica de la realidad, un esqueleto que posibilita lo que el autor Gilles Lipovesky llama “la era el vacío”. El retorno al mito, el espectáculo viviente. El mundo toma forma de Uróboro: evento, espectáculo, consumo, productos derivados, saturación, cansancio, olvido vergüenza; retorna.

El posmodernismo se enfoca y no se enfoca, se construye y se construye. Se aboga actualmente por las construcciones sociales, que al mismo tiempo son deconstruidas, vueltas a construir, reverberadas, compuestas, sustituidas, vueltas a construir…Vivimos en un estado de crisis otreico donde todos somos esclavos: los que tienen la autoridad, no tienen la responsabilidad por ser esclavos de los que poseen la responsabilidad sin autoridad y, por ende, esclavos. El mundo es un lugar horrible, que, para la posmodernidad, ya no es posible luchar por El (o sí). En fin, lo trágico depende de la sensualidad. Nadie es tan café con leche.

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