ENSAYOS Opinión Social

Comunicación de cristal

Ilustración por: Lorena Segundo

La hiperconectividad hoy en día significa la unión de individuos que no es escuchan entre sí. Lo “relevante” (o lo main stream) constante y fácilmente queda confinado por tendencias, que, o pueden ser más digeribles o sencillas. Actualmente, nos basamos en números y trascendencia, antes que, en calidad. Además, se consume (he incluso se compra) un producto de “calidad”, basados en un instinto gregario: apoyando movimientos, estatus, revoluciones o estilos de vida, en contante búsqueda de una calificación de índice social; se envidian las vidas de las personas que radican en las alas sociales superiores y, siendo un movimiento unilateral, instintivamente, se mancilla a las inferiores. El problema actual, con las redes sociales, se desarrolla en como estas aumentan y proliferan cada vez más en el tiempo, en tanto una persona “vive”, irónicamente, en un ciclo de interacciones en comunidades divididas por ideologías que van vociferando las dicotomías políticas correctas o incorrectas (dependiendo, banalmente, de que minoría o tiranía provengas).

La tecnología nos ha dado la oportunidad de depender menos de otros seres humanos y, ante tal “modernidad”, antes llamada “globalización”, también se han desarrollado ciudades altamente pobladas no solamente fraccionadas por muros, sino por ideas y comportamientos. La sociedad occidental, a lo lago de los años se ha desenvuelto para crear individuos más independientes entre sí, apelando erróneamente a un sentido de pertenencia nulo (sean por el motivo que sea), lo que provoca un verdadero aislamiento. Cuanto más fácil a través de los años se ha vuelto eliminar a individuos de tus listas de contactos, más volátil se ha visto la tolerancia, la comunidad va encaminada a sectores estratificados, dejando de lado los gustos, por ideales que más penosamente todos creen que son absolutos.

 Llevamos a cabo interacciones entre perfiles y eso mismo, la conectividad se da entre ellos. Los “perfiles” son construidos con fotos, opiniones y gustos que por regla general, no son más que arquetipos, mismo que,  llevan a la gente a comportase como una celebridad para un nicho de personas específicas: el dicho “influencer”. Como reflexionaba Byung-Chul Han, filósofo y ensayista surcoreano experto en estudios culturales y profesor de la Universidad de las Artes de Berlín: “la conectividad es simplemente apertura, no es compromiso. Tiene que ver más con la accesibilidad ya que requiere más de facilidad de interacción que capacidad de mantener una relación”. El mismo autor recalca que “la comunicación digital es una fase debilitada de la comunicación, ya que no trabaja con todos los sentidos […] la interconexión total y la comunicación no facilitan el encuentro con otros, al contrario: sirven para encontrar personas iguales y que piensan igual”. 

 Es necesario poner en tela de duda la creencia que se ha manifestado desde la llegada de las redes sociales y las tecnologías en general, en su “facilidad de comunicación”. El uso de estas, no es problema general (por ahora), ni un síntoma social (¿o sí?), siempre y cuando los vínculos afectivos fiscos no pierdan su relevancia en la vida cotidiana. Siendo humanos (¿?) tendemos a la adaptación, en tanto o menor medida, también, a la aceptación y, en consecuencia, en muchas ocasiones nos vemos a expuestos a situaciones que requieren un comportamiento allegado al mundo, tanto "real" como en un susodicho, ficticio . Se requiere de empatía verdadera, aceptar un valor tan importante como el de la tolerancia, debido a que, al igual que con los ideales, se tiene que trascender más allá de ellos. Sobrepasar los limites rudimentarios clasistas que nos limitan a comportamientos arcaicos arrogantes. 

 Paradójicamente la aparición de estas aplicaciones sociales no sucedió espontáneamente en un intento de dominación por una raza diferente. Fueron desarrolladas por otros humanos. Impulsados en la ingeniería social, formaron algoritmos que tienen un solo propósito: ocupar más tiempo en la vida de sus usuarios, llevando a las personas a un consumismo que representa cantidad y deficiencia de calidad, pero que de igual forma por ser de gusto personal (ya que de acuerdo con tus “gustos, tu anuncio) se encuentra gratificante, divertido o ya por lo menos entretenido. Además, también se encuentra ese reforzamiento social, aquello que todos los seres humanos buscamos evolutivamente: la aprobación. No se generaliza; pero si nos detenemos a analizar un “feed” en Facebook no daremos cuenta de resultados execrables respecto a que tan real u objetivamente se fomenta el proceso comunicativo. 

De igual forma que en el mercado, un producto necesita de compradores constantes para una producción continua; las redes sociales, necesitan de sus usuarios para un uso continuo. Una sociedad del consumo ilimitado requiere de un deseo ilimitado, entontes ¿Cuál es el deseo que nunca logra cumplirse?: la frustración.

El Internet y los medios de comunicación tienen que ser vistos principalmente como una herramienta en pos de los humanos.

Para usos mortales, hoy en día nos perdemos en la rapidez de un mundo express. Se tiene que recuperar la oralidad, de otra forma estamos perdidos. Más.

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