CULTURA ENSAYOS

Jandek, y el movimiento Outsider

Ilustración: Daniel Méndez

En la industria artística, podríamos clasificar las obras en tres grupos que definen su medio de consumo y el público al que va dirigido.

Por un lado, tenemos lo “popular” o Mainstream, que trabaja con el  arte consumible en masa, que se apoya, al momento de producir, en una fórmula probada y eficaz. El segundo grupo se podría definir como underground o alternativo, que toma un terreno más específico y arriesgado. Muchas veces es de aquí donde nacen ciertas características que el arte popular, puliéndolas y definiéndolas mejor, aprovecha para saciarse.

Tendría que establecerse que estas categorías no definen la calidad del arte en sí, sino su alcance.

Pero hay una tercera categoría que es difícil de definir, y no cuenta con características tan marcadas, lo único que se podría decir es que no responde ni a un contexto ni a un movimiento, incluso parece no obtener influencia de sus coetáneos:

El “movimiento Outsider” es un término usado para esos creadores y creaciones que, ya sea por convicción, cuestiones monetarias o de carácter de personalidad, deciden no ser parte, ni pueden ser parte, de la cultura que en ese momento esté ocurriendo.

La cuestión con los personajes que pertenecen a este grupo es que sabemos poco debido carácter hermético de las obras que producen, y cómo prescinden de cualquier movimiento, seguirles el paso cuesta más trabajo.

El ejemplo perfecto de un artista perteneciente a esta obscura categoría es Jandek, músico americano que lleva más de 40 años produciendo música en su propia compañía discográfica, y que hasta hace poco solo se conocía su nombre artístico.

En la actualidad sabemos más de este músico, como que su nombre real es Sterling Smith, y que proviene de Texas. Y a pesar de que desde el 2005 ha interactuado más con sus fans, realizando conciertos y entrevistas, lo que le permitió que una productora se interesase en hacer un documental sobre él, su fórmula no se vio perturbada por ese hecho, ni su público incremento en absoluto.

Es cierto, su música no se asemeja a una composición ambiciosa, una pomposa melodía hecha para ser interpretada en grandes escenarios como un himno de revolución o en forma de protesta a la organización de turno. Se trata de un hombre con una guitarra, la mayoría de las veces desafinada, y una batería que pareciese que le faltasen partes. Para nada se trata de obras maestras que se compare a sus contemporáneos y que deberían ser escuchadas, incluso a veces es difícil consumir su música por lo repetitiva que se vuelve al cabo de unas cuantas canciones. No es atemporal, ni adelantado a su época: es un producto que parece no encajar en ningún lado.

Y como el existen muchos más, como Daniel Johnston que llego a tal fama que termino siendo contratado por Islands Record, pero que en sus inicios el mismo producía y distribuía sus álbumes, o The Residents, que dejaron de lado un contrato con WB para adquirir la libertad creativa que traía el fundar su propia disquera, y que en más de 40 años aun siguen sin mostrar sus rostros ni los miembros que lo componen.

Sería muy precario decir que los outsiders representan al “arte puro” que siempre nos han querido inculcar los románticos espectadores sobre el relato del artista que hace todo por amor a su trabajo y no al dinero que genera, ese artista que “podría morirse de hambre antes que vender sus valores”. Los outsiders reflejan, en la gran imagen, el inconsciente colectivo, la visceralidad y crudeza de los sueños en su etapa más abstracta, en donde la técnica se ve opacada por el espíritu creador. No es arte bueno ni malo, es un movimiento universal que ocurrió y ocurre en este justo momento, en el garaje de nuestros vecinos, o en las horas muertas de un oficinista. Toda producción con intención de representar un sentimiento pertenece a lo Outsider. Pueden trascender, como muchos lo han hecho, pero la inspiración que hace que perduren no se le puede más que atribuir al carácter curioso,  angustiante e inconforme del ser humano, carácter que nos obliga a querer decir lo que sentimos aun si no hay nadie que nos escuche. En el fondo todos somos Outsiders.

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