APORTACIÓN DESIGUALDAD ENSAYOS Social

¿Qué es una CONAPRED y por qué no está limpiando mis botas?

Ilustración: Carlo Ornelas

M. J. Watson.

Año dos mil once. En una transmisión de TV Azteca de un partido del equipo Monarcas
Morelia, el ingenioso comentarista deportivo Christian Martinoli dijo al aire una frase que
probablemente ofendió de muerte a más de un espectador del juego, tildando de “Aborigen”
a un aficionado que lanzó una botella a la cancha.


La CONAPRED adquirió una súbita fama días atrás por cancelar su foro “Racismo y/o
Clasismo en México”. Esto debido a la inconformidad del público en general (Incluyendo a la
Primera Dama Beatriz Gutierrez) por la participación en el mismo del comediante y
presentador de televisión Chumel Torres.


En primer lugar, quiero reconocer que por lo menos se trata de un organismo gubernamental
coherente y respetuoso de sus propios principios. En segundo, ignorando el hecho de que
López Obrador hablara por muchos mexicanos cuando declaró no estar enterado de su
existencia, pienso que su función es un completo sinsentido (por motivos que desarrollaré
más adelante) y en tercer lugar me gustaría que alguien me explique cómo es posible que
tenga el poder que posee en la actualidad.


No es para nadie una novedad que la corrección política se desborda por las lonjas de
la opinión pública de todos los países desde que las universidades estadounidenses
implementaran las controvertidas ideologías a favor de las minorías, ni tampoco resulta
sorpresivo que, en un intento de “compensación histórica”, se hayan inventado nuevas
formas de censura que han resultado mucho más efectivas que el uso de la fuerza.
(Antes sentíamos empatía y dolor por el que era censurado a la fuerza… Ahora aplaudimos
al tribunal supremo de Twitter cuando enjuicia a un inadaptado)


El dilema es sencillo. Parte de la pregunta ¿Qué significa la libertad de expresión? Que más
allá de la responsabilidad implícita en la palabra “libertad”, trae de la mano cientos de
supuestos que tanto defensores como detractores de la misma conciben como verdades
absolutas, haciendo que las posturas de conservadores y liberales con respecto a este tópico
estén peligrosamente cercanas entre sí.


Se piensa que el ciudadano promedio no está listo para pensar por sí mismo, ni
capacitado para discernir con un juicio crítico entre distintas posturas que se le presentan,
por lo que aquellos que controlan los medios de comunicación, en un acto de mal llamada
“responsabilidad”, se cuidan de emitir opiniones fuertes… o mejor dicho, impopulares. Esto
sin tomar en cuenta que nos tratan como estúpidos, presuponiendo que no estamos
preparados para asumir un rol, o desprovistos del criterio para no emular un crimen que
aparece en televisión.


Y es que el tema ofrece muchos matices. La opinión pública está en el neoscurantismo que
promueve lo muy popular y poco profundo, llevando hasta sus últimas consecuencias el
único medio con el que siempre se ha contado para esgrimir críticas de verdad; el humor,
que por su incansable carácter de común, jamás se marchita aún en los fascismos más
ajustados.

Ahora ¿Cuáles son los problemas con la polémica de hace unos días? Empiezo por
Chumel (De quien me reservo mi opinión personal para emitir una más analítica), que no
sólo fue censurado, sino despedido de HBO por la impopularidad que él mismo cultivó y se
empeñó en ocultar.


Las sátiras que hace en sus programas pueden considerarse excesivas y de mal gusto,
rayando en lo clasista y racista si así se le quiere ver; sin embargo, no podemos olvidar que
vivimos en un Estado de derecho en el que cualquier individuo, por despreciable o mezquino
que sea, tiene la libertad para emitir sus opiniones, así como la opción de gritarlas a los
cuatro vientos, haciéndose por lo tanto responsable de las implicaciones que puedan tener.


A mi parecer, el error de este personaje está en su demostración de cobardía e ideales
blandos al momento de disculparse con la primera dama por los “chistes” acerca del hijo del
presidente López Obrador. Sí, disculparse ha sido el verdadero error. En lugar de mantener
una postura sólida basada en el significado del humor y su importancia en la sociedad,
Chumel demuestra su tendencia a la corrección política pidiendo disculpas, afirmándose
como un hombre “villamelón” y carente de ideales.


Pasando a la CONAPRED, cuyo punto ilustré en la introducción a través del caso del señor
Martinoli, pienso que ningún organismo, y mucho menos gubernamental, debería tener
jurisdicción para regular lo que se dice o no se dice en radio y televisión, incluso si se insulta
a una minoría por motivos de raza, preferencia o autopercepción sexual, religión, (etc.) ya
que los mismos grupos, por la naturaleza libre de nuestra sociedad, tendrán derecho a
replicar y defender sus intereses.


Este contraste de ideas ayudará al público en general a formarse un pensamiento
crítico, lo que resultará en una equivalencia entre popularidad y razón a la hora de juzgar
una opinión en los medios (Esto lo trataré más adelante).


Además, los estereotipos, comparativos y burlas existen en la sociedad desde que existe la
historia misma, que para fines de humor e ilustrativos no hacen ningún daño a nadie. A la
fecha no se ha demostrado un vínculo directo entre el disfrute de la sátira y la perpetración
de actos flagrantes y criminales de racismo o xenofobia; falacia recurrente que utilizan los
progresistas para exhortar a la creación de medidas legales fascistoides (También lo trataré
más adelante).


A estas alturas del texto se hace necesario explicar mi postura conforme a la libertad de
expresión y nadie debería regularla.
Cuando en una sociedad uno puede decir lo que uno quiera, incluso valiéndose de los
medios de comunicación para expandir su rango “audible”, se crea una radiografía detallada
de lo que una sociedad es, lo que implica la posibilidad de un análisis limpio de las masas que
la conforman. A partir de este mosaico, podemos asomarnos a los aciertos, errores y puntos
sensibles que mantenemos como colectivo.


Con las constantes réplicas podemos acercarnos a la formación del hábito de la autocrítica,
que a su vez nos permitirá rectificar el curso hacia una verdadera inclusión e identidad
colectivas que sean capaces de pasar por alto nuestras diferencias en pro del bien común.
Debo insistir en que censura y réplica no son términos emparentados entre sí; la libertad de
expresión permite replicar otra opinión. Incluso decir que algo debería ser censurado cabe
en el concepto de réplica (Siempre y cuando no se consume dicho vituperio).

“Del dicho al hecho…”
No es lo mismo hablar de un holocausto que realizarlo, y no es un crimen tratar temas
sensibles para el dominio público ni hacer mofa de ellos. Es cierto que no estamos cómodos
con la verdad, ni mucho menos con la percepción muchas veces equivocada de la realidad
que otros tienen; pero la verdad, ese ente mitificado y de difícil acceso, se basa siempre en
los hechos, y fuera de interpretaciones, no hay manera de hacerlos a un lado sin recurrir al
engaño. Es tiempo de aceptar la realidad, las opiniones adversas y el odio injustificado, y
trabajar juntos y a conciencia para combatirlo por las buenas, con criterio y razón, en pos
de una sociedad mejor (En lugar de negarlo todo y ponernos a lloriquear).


En cuanto a consumar un crimen de odio, eso compete a otra parte.
El sistema judicial debe estar despegado de cualquier ideología, ser confiable,
imparcial y recto, para que tenga la capacidad de castigar o rehabilitar (Según sea el caso) a
los individuos que cometan crímenes (No a los que los piensen o anuncien), mientras que
nosotros como ciudadanos debemos exigir que funcione adecuadamente, así como aportar
lo necesario para su construcción.


Si analizamos los hechos detenidamente, a los Estados les ha convenido apoyar la corrección
política, ya que en cierto grado implica la despreocupación por la seguridad de los habitantes
al achacar la violencia a cuestiones ideológicas no comprobadas en lugar de hacer análisis
reales de las situaciones que puedan contribuir a solucionar dichas problemáticas.


Finalmente, me dirijo a mi némesis.
Se debe entregar contenido audiovisual de calidad y líderes de opinión mejor informados a
la audiencia mexicana para que esta desarrolle el pensamiento crítico y… y…
(…)
Sí estimado lector, acabas de descubrirlo o ya lo has visto porque estás más despierto
que yo: Los que nos dan mal de comer también nos drogan, y los dos platos los pone la misma
persona. Las opiniones, las apariencias, el entretenimiento… lo que nos rodea está pensado
para funcionar como funciona, y nosotros, en el papel de víctimas, no hacemos más que
agachar la cabeza y obedecer


¿Qué más podríamos hacer?
La CONAPRED, Chumel, un sistema de justicia deficiente, el fútbol… tan solo son síntomas.
Siempre que escribo un artículo entiendo porque se dice que todo tiene que ver con todo y
porque en resumidas cuentas nada tiene solución. Aún con eso aquí estoy, preguntándome a
mí mismo en este encierro de locos “¿Qué más podríamos hacer?” mientras que una voz en
mi cabeza exclama cada vez con más fuerza y sin parar…
“Sí”
“¿Qué más?”

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