CULTURA ENSAYOS

Hay un Dios distinto en estas tierras

“No creen únicamente en cristo, sino también en sus cristos inanimados, en sus dioses sin forma, en ellos Cristo se inclina sobre la serpiente aspirando su veneno, consustancial y triste”

– El luto humano, José Revueltas
Ilustración: Lorena Segundo

Un cura mira a dos extraños personajes que llegan devastados, estos le piden que por favor los acompañe a velar a una niña muerta, el cura los mira y se siente perdido, frente a él se manifiesta un extraño velo religioso que dista mucho de lo que él es, un mismo Dios los une esa noche, pero él sabe que ese Dios es distinto para ellos, es una deformación que viene desde la conquista, como si los dioses paganos se ocultaran detrás de un cristo que cargan duramente los indígenas aún después de tantos años.

La novela “El luto humano” de José Revueltas me llevó en un duro viaje a través de pensamientos y simbologías que siguen anclando al mexicano con su pasado, específicamente con el espíritu que fue moviendo nuestras manos al ritmo del labrar de la tierra, con el espíritu que por las noches pensaba en la existencia de otros dioses que pronto serían destronados de los cielos y de las ideas (¿no es casi lo mismo?).

“Roma era Dios, y Roma era la iglesia. Pero aquí había otro Dios y otra iglesia. El cristo de esta tierra era un Cristo resentido y amargo”

Pensé en varias ocasiones que escribir y cuestionarme sobre el desarrollo que tuvo la conquista en México es algo muy común, pero veo necesario para entender los problemas religiosos actuales, se hable de lo que he imaginado como “Un dios de varios rostros”.

Revueltas expone en míticas narraciones esta simbiosis que tuvo que pasar el dogma católico en los indígenas; recordemos primero varias cosas: Una de las justificaciones utilizada por Cortés en la conquista fue la lucha contra la idolatría, durante los primeros años de dominio los españoles abusaron de su posición y de su fuerza, sus excesos solo hicieron que se acumulara en su contra un inmenso mar de rencor y odio, el acto de bautizo no era visto por los indígenas como un nuevo renacimiento en nombre de cristo, sino como un acto de sumisión. “Más vale ser bautizado que ser ejecutado” (Tlalocan. vol VI. núm 3, 193-212).

No busco quejarme de la conquista, las guerras suscitadas por despojar el paganismo y la obtención de nuevas tierras fueron acontecimientos que se dieron en todo el mundo. Buenos o no, han provocado que yo esté escribiendo un artículo justo ahora. Busco lo que Revueltas plasma en sus personajes, intentando buscar explicaciones a nuestra espiritualidad, una fe impuesta que es adorada fervientemente y, sin embargo, es distinta a la del resto del mundo, la globalización ha ocasionado que esta diferencia cada día sea menos notoria pero sigue ahí, escondida tras altares de muertos con cruces, escondida tras un rostro sabio lleno de arrugas de una mujer llamada María, tras peregrinaciones a la virgen que antes eran a Tonantzin, la deidad que representaba a la Madre Tierra.

“La religión de los cristeros era la verdadera iglesia, hecha de todos los pesares, de todos los rencores, de toda la miseria de un pueblo oprimido por los hombres y la superstición. Llamábanse cristeros tomando el nombre que sus propios enemigos les habían dado”

Es complicado encontrar esta diferencia, pero es más notorio cuando fijamos nuestra atención en comunidades de extrema pobreza donde la fe se vuelve un importante sostén del día a día, estamos viendo la cara de un Dios que fue cimentado a base de dolor y pérdida, no estoy hablando de que esta fe sea mala, en estos casos se vuelve indispensable.

Aquí es donde sale el significado de revueltas, Octavio Paz también llegó a sacar conclusiones más generales: desde el momento de la conquista cuando nos despojaron de nuestros dioses y plantaron un cristo en la cima del templo mayor, el mexicano ha luchado por sostener su fe con uñas y dientes, primero escondiendo a sus dioses detrás de paredes, intentando reconstruir su identidad en un mundo nuevo, ahora después de tantos años el espíritu sigue roto, podría ser el vestigio que venimos cargando desde el pasado, podría ser la necedad inherente a nuestro pueblo de no querer olvidar lo que perdimos, el dios al que se le reza actualmente tiene los vestigios de toda esa tristeza que siempre ha estado como un fantasma, manifestando su peso sobre nuestros hombros.

Detrás de todos los personajes de José Revueltas, y de muchos escritores latinoamericanos, muy especial también en Juan Rulfo y Azuela, se ha materializado un espejo que refleja un templo pagano ardiendo como el final de la resistencia de una antigua fe, y un rezo católico que se siembra en la tierra con lágrimas, hasta las raíces del antiguo mundo, el Dios al que se le rinde culto es distinto en estas tierras, es un cristo amargo lleno de pérdida, es importante recordar nuestro origen para ver mejor dónde pisamos: Una tierra que siempre ha sido bañada con sangre, sudor y lágrimas.

“En México los indios lloran frente a las imágenes blancas. Lamentándose en su idioma. Creen que Dios es Quetzalcóatl, que vendrá a redimirlos”

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