ENSAYOS Opinión

Pena de muerte: la otra cara de la moneda.

José Torres *(aporte de colaborador externo)

Fotografía: Rolando Ramos Cardona

La mayoría, o al menos las más populares fuentes de consulta sobre la pena de muerte, claramente tienen una postura abolicionista. Artículos científicos, blogs, páginas de internet de organizaciones no gubernamentales buscan difundir la idea de que la pena capital es mala, innecesaria, cruel, inhumana, entre otros descalificativos más. Y no quiero decir que eso esté mal, para nada, me considero un fiel defensor de la libertad de expresión; lo que sí considero negativo es que se desacredite o no se le dé la debida importancia a los textos que defienden una posición retencionista de la pena de muerte.

En la etapa preliminar de este brevísimo comentario, advertí que postularme en contra de la pena de muerte resultaría más sencillo, no por la complejidad de los argumentos, más bien por la etapa que actualmente atravesamos, en donde los derechos humanos parecen irrefutables. A su vez, reparé en que a la mayoría de la gente le resulta más apropiado que no se vuelva a implementar esta pena en México.

Este punto derivó en que considerara más útil -por aportar una visión opuesta a los demás- encaminar mis reflexiones a favor de la pena capital.

A simple vista, da la impresión de que los argumentos abolicionistas son los que mejor fundados están, exponiendo que la teoría retributiva de la pena de muerte es tan conservadora como la Ley del Talión; que la teoría preventiva quedó en el pasado al demostrar que ya no es efectivo el elemento ejemplificar e intimidatorio de la ejecución; que sería una pena arrebatar una vida por un error judicial; que la vida es un bien sagrado sobre el que no es lícito disponer, etc. Sin embargo, rumbo al final del libro de Eduardo López Betancourt “La pena de muerte”, el autor expone, de la manera más talentosa que he tenido la oportunidad de leer, los argumentos que sustentan la retención de la pena capital.

A manera de esquema, Betancourt retoma pensamientos de anteriores pensadores, para después elaborar su propio comentario de ese mismo pensamiento. Me tomaré la libertad de replicar uno de los varios que me parecieron muy acertados; Voltaire y Diderot dicen que: la pena de muerte es incongruente con el pacto social, injusta e innecesaria, irreparable, inhumana y cruel; no cumple con las finalidades de la pena, pues no es correctiva, además de que no es adecuadamente intimidatoria. A lo que Betancourt comenta: no es incongruente con el pacto social, porque precisamente en base a este, los individuos se obligan a respetar el orden; es justa, a grandes rasgos, porque tiende a reestablecer el equilibrio que el infractor ha roto; es necesaria, porque es la única herramienta con que cuenta la sociedad para defenderse de los agresores incorregibles; respecto a si es inhumana, la cuestión de privar de la vida puede justificarse cuando con ella se trata de proteger la vida misma y evitar males mayores al resto de la sociedad; y respecto a su crueldad, los tiempos modernos han quitado a esta pena todo vestigio de suplicio y tortura.

La sentencia a la pena capital es, como todas las demás sentencias, susceptible al error, debido a la falibilidad humana, y sería una lástima condenar a muerte a personas inocentes, así como es igual de lamentable privar de la libertad, obligar a realizar trabajos forzados e incluso obligar a pagar pecuniariamente a personas inocentes, por lo que es evidente que la pena de muerte ha de reservarse para los casos donde no exista la menor duda de culpabilidad. Y si se critica que la pena de muerte no cumple con el requisito de rehabilitación del culpable, cabe señalar que se está hablando de personas que, si conocen de la existencia de esta pena, no tienen el mínimo grado de respeto por su vida y mucho menos de la vida ajena; además, el encarcelamiento tampoco cumpliría con las funciones de la pena, pues se trata de rehabilitar en un centro de readaptación social a un delincuente incorregible.

Aunque también es necesario reconocer que la pena de muerte, por sí sola y de manera aislada, no va a resolver el problema de extrema inseguridad que se vive actualmente en el país; al igual que muchos otros programas, debe llevarse a cabo de manera integral, empleando simultáneamente medidas de prevención del delito, educando a los jóvenes con bases éticas sólidas, mejorando considerablemente el proceso judicial, etc. Esto con la finalidad de que sean extraordinarias las ocasiones en que se recurra a la pena capital.

* En NI QUE FUERA POLÍTICA recibimos aportes de colaboradores externos, no nos hacemos responsables por su opinión particular pero promovemos su libertad a expresarla. Más información en https://www.niquefuerapolitica.com/como-mandar-tu-aporte.

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