ENSAYOS Política

El virus no es nuestro mayor peligro

Ilustración: Carlo Ornelas

Citlalli Rosas

Desde que comenzó la cuarentena hemos demostrado que carecemos de humanidad y empatía, dentro del estado; los feminicidios, la desaparición de niños y los crímenes no han disminuido. Esto nos está costando más vidas que el covid-19, desde hace un mes he tenido más pláticas telefónicas, una mujer fue asesinada porque ingresaron a su casa a la fuerza para quitarle sus pertenencias y su vida, o de excompañeros de clase que fallecieron en accidentes automovilísticos por seguir saliendo de fiesta.

Sin embargo no había experimentado el terror de la falta de empatía humana hasta el lunes 4 de mayo, me encontraba en el supermercado cuando vi personas corriendo al fondo de la tienda, y a los empleados de la misma diciendo que agacháramos la cabeza, nos llevaron al fondo de la tienda mientras se escuchaba vibrar la lámina de la entrada como si estuviera granizando, pero, en realidad eran disparos, un chico de mi edad al lado mío le marcó a sus padres para decirles que los quería y una señora solo lloraba porque su hijo se encontraba dentro del carro en el estacionamiento.

Al llegar a casa, leí las noticias de diferentes fuentes y solo se habló de que un presunto policía había sido abatido en el estacionamiento del supermercado, que la zona de campestre estaba cerrada y tomáramos precauciones, no sé hablo de como hay más seguridad para ponerte gel antibacterial en la entrada de dicho lugar, que para prevenir que sus empleados y compradores estén seguros.

Ojalá las personas que salen esporádicamente a comprar cosas fueran las únicas en riesgo, pero, ¿que sucede con la seguridad de las personas que salen de trabajar por las noches? cuando la ciudad se encuentra más sola de lo que debería y las autoridades se preocupan más por estar dando “avisos” de suspender fiestas que por ver las paradas de camión donde no hay luz, donde aquellos que no viven en la burbuja de privilegios tienen que durar más de 30 min. solos para tomar el camión, ir a trabajar y conseguir el sustento de su familia.

Realmente parece un chiste seguir insistiendo que no salgan de casa si no es necesario, ya no sabemos si vamos a regresar a casa contagiados o no regresaremos, porque hemos visto que no dejamos ser blanco del crimen y la violencia que sufre nuestro país por estar en cuarentena. Espero no ver más publicaciones de personas aplaudiendo las despensas de los criminales más buscados de México, porque su bondad tiene mucha sangre derramada detrás, una de las cosas que debemos aceptar es que como sociedad estamos mal, que el no salir de casa no va a disminuir la delincuencia, porque veamos la realidad 7 de cada 10 mexicanos están preocupados por su economía, tienen que conseguir nuevos trabajos para salir adelante y muchos de ellos no van a encontrarlos, así que robar se verá tentador.

El crimen no respeta la cuarentena, no entiende la frase de “quédate en casa” y el hambre tampoco, bien dicen que todo lo arrastramos por los nuestros, ¿Acaso los demás hambre no tienen?

Un delincuente lo sigue siendo ante la ley, tenga motivos o no, para nuestro sistema no importa el -¿Por qué?- sino más bien el -¿Cómo?-, no quiero decir que el cometer delitos para poder comer es justificable, pero si me da vueltas el cómo nosotros mismos seguimos generando pensamientos de que es su culpa el no poder tener sustento para una cuarentena, cuando no es así, los índices de pobreza en México no han mejorado, el crimen no ha disminuido, los niños siguen saliendo a las calles a pedir dinero en los semáforos, porque si ni a la escuela presencial tenían alcance, con la virtual ni sueñan para poder mejorar su situación. Hagamos saber a nuestros gobernantes que una pandemia mundial no nos va a distraer de que las cosas en México no tienen un panorama alentador.

Tenemos que dejar de ver como héroes a todas las personas que suben fotografías regalando despensas, quizá es lo menos que pueden hacer, dejemos de ver como imágenes a seguir a los políticos que regalan su sueldo para los “menos afortunados”, es su deber, sus sueldos vienen de los bolsillos de la gente que los puso en esos cargos y tiene que velar por su bienestar.

Si, la cuarentena ha sido un trago amargo para muchos de nosotros, y quizá lo que menos queremos hacer en este momento es cuestionar que sucede con nuestro gobierno, nuestra seguridad o nuestra salud, porque tenemos miedo de que no encontremos respuestas concretas o cuerdas, y esta vez ni siquiera podemos salir a la calle a exigir por estas.

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