CULTURA ENSAYOS

CANCELADO

Fotografía: Mauricio Ara

¿Hiciste o dijiste algo inapropiado hoy, ayer, antier o hace 10 años? Cuidado, podrías ser cancelado.

Justin Bieber, Chris Brown, Mau Nieto, Taylor Swift, Ricardo O’Farril, Aziz Ansari, Ariana Grande, Woody Allen, Kanye West y hasta los ahora idolatrados, J Balvin, Rosalía y Bad Bunny, son algunos de los artistas que han sido cancelados en alguna etapa de sus carreras. Por motivos diversos, ya sea por una opinión, un chiste, sacar conejos pintados de colores en un video musical, usar abrigos de piel de animales, acosar y maltratar mujeres, entre otras cosas; todos esos actos juzgados por igual. La sentencia, ya la conocemos.

Cancelar a alguien implica dejar de apoyar, consumir o seguir a la persona en cuestión y no solo hacerlo, sino que exponerlo en redes sociales para que más personas se unan a desaparecerlo. El cancelar a alguien puede buscar la concientización, lo cual es bueno, pero para muchos otros puede ser la oportunidad perfecta para linchar a alguien y convertirse en un justiciero, en una imagen moralmente correcta, en el superhéroe de internet. Pero, ¿de dónde surge este poder que se nos fue concedido?

Dos cosas son importantes para que haya emergido la cultura de cancelación: la libertad de expresión y las redes sociales. La libertad de expresión es un derecho humano invaluable, el que nos permite denunciar una injusticia, emitir una opinión política, expresar lo que pensamos, etc., sin embargo, como toda libertad, tiene un límite, y el exceso y abuso de este derecho es traducido como un libertinaje. Las redes sociales, el complemento perfecto, es la herramienta que nos permite tener un alcance masivo, la oportunidad de poner un tweet y llegar a miles de personas en cuestión de minutos.

En 1998 surgió una polémica política que relacionaba al entonces presidente de los Estados Unidos de América, Bill Clinton y una empleada de la Casa Blanca, Monica Lewinsky, quienes mantuvieron una relación sentimental entre 1995 y 1997. Lo destacable de esto es que, en enero de 1998, esto salió a la luz por una nota del Drudge Report, un portal de noticias online. Y sí, era la primera vez que un escándalo de ese tamaño se daba a conocer en un portal de internet; de un momento a otro, el escándalo llegó a todo el mundo, todo al alcance de un click. Las personas ya no tuvieron que esperar a ver la nota en el noticiero de la mañana, a escucharlo en su estación favorita o a leerlo en el periódico tradicional, no, en esta ocasión cualquier persona podía enterarse en el momento que quisiera y además tenía el poder de comentar al respecto, de interactuar. Justo eso es lo que ha generado el auge de esta cultura, la inmediatez en la que nos llega la información y la posibilidad de interactuar con la misma velocidad. Les recomiendo escuchar la TED Talk que dio Monica en 2015, titulada “The price of shame”, en ella comenta cómo vivió este suceso, cómo le afectó, cómo cambió su vida y cómo fue el primer blanco de internet, el primer caso de una combinación entre cyber bullying masivo y cultura de cancelación.

Muchos de los casos más sonados han sido sobre músicos, pintores, cineastas, actores, comediantes, etc., es decir, personas cuyo trabajo llega a las masas, personas cuya probabilidad y posibilidad de que los demás conozcan sobre su vida personal, es mayor a la de otras profesiones. Con este hecho, surge otro cuestionamiento: ¿se puede separar al artista de su obra?

Este dilema ha dado mucho de qué hablar, unos dicen que sí se puede separar, argumentando que perderíamos mucho al eliminar estas representaciones artísticas de la historia en sí. Tan solo imaginemos que se eliminaran las películas de Hitchcock, por su brutal trato con las actrices, o que elimináramos la música de Michael Jackson y el impacto cultural que esta tuvo en su época, por las acusaciones de abuso a menores que tuvo en vida y que a la fecha siguen saliendo, o que de pronto las obras de Caravaggio no pudieran ser parte del estudio histórico del arte, por su registro delictivo (disputas, duelos y presuntos asesinatos). ¿Qué tanto perderíamos si elimináramos el trabajo de todos los artistas que hicieron o dijeron algo inapropiado? Además, ¿por qué debemos conocer la historia personal de estas personas? ¿No deberíamos entonces conocer el pasado y presente moral del taquero y cuestionarnos si debemos separar al taquero de su taco?

Otros dicen que no se puede separar, porque la obra artística es un reflejo directo de quien la hizo, entonces lo que consumimos es una parte directa de su vida, una inspiración que, no sabemos, tal vez surgió justo después de algún acto atroz. Un argumento más que muchos defienden, es el hecho de que consumir contenido de algún artista vivo que haya cometido un delito o hecho algo moralmente incorrecto, le permite seguirse enriqueciendo y entonces, directamente uno lo está apoyando económicamente.

Pero entonces, ¿por qué cancelamos? ¿Cancelamos para que la persona se retracte y cambie, para afectar su bolsillo y, por ende, su estilo de vida o por el hecho de que lo que hicieron atenta contra nuestros valores y nos causa repulsión consumir algo relacionado a esa persona?

La cultura de cancelación tiene este y otros problemas. El hecho de que se coloque en una misma burbuja actos que van desde dar una opinión errónea hasta asesinar a alguien, es a mi parecer, una de las principales fallas en esta práctica.

No todo está mal con esta cultura, porque también es el reflejo de una generación contestataria y revolucionaria que se preocupa por su entorno y no solo eso, sino que denuncia lo que está mal, lo que ha sido invisibilizado por muchos años. Es también el reflejo de muchos que están cansados de la impunidad y de la falta de castigos a personas que se salen con la suya por su poder mediático. Sin embargo, quienes hemos sido parte de esta cultura debemos hacernos estas preguntas: ¿cuál es el motivo real por el que cancelamos? ¿Todos los actos se deben juzgar por igual? ¿El fin es afectar a alguien o generar un cambio? ¿Quién gana y quién pierde con esto?

Pregúntense algo más: si nuestra vida fuera expuesta y dada a conocer a todas las personas, ¿estaríamos cancelados por algo que dijimos o hicimos hoy, ayer, antier o hace 10 años? ¿Todos los que hemos decidido cancelar a alguien estamos intactos y jamás la hemos cagado? Si no somos los mismos que antes, y antes nos equivocamos, pero aprendimos de eso, significa que tuvimos una segunda oportunidad y tal vez, esa segunda oportunidad, nosotros no siempre la hemos dado. ¿Qué sería de nosotros si todos a nuestro alrededor nos hubieran cancelado?

Los dejo con el discurso que dio Joaquin Phoenix justo después de recibir el Oscar a mejor actor por su papel en Joker.

“I’ve been a scoundrel in my life. I’ve been selfish. I’ve been cruel at times, hard to work with, and I’m grateful that so many of you in this room have given me a second chance. And I think that’s when we’re at our best, when we support each other. Not when we cancel each other out for past mistakes, but when we help each other to grow, when we educate each other, when we guide each other towards redemption. That is the best of humanity.”

– Joaquin Phoenix.

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