DESIGUALDAD ENSAYOS

De la opresión se sale haciendo lo correcto…

Fotografía: Rolando Ramos Cardona

Muchas veces escuchamos estupideces como esta en nuestra vida diaria, además de: “No son formas”, “hay maneras de hacer las cosas”, “En el pedir está el dar”, etc.

Pero este catálogo de imbecilidades no surgió por suerte o por obra del mal, sino de un problema más grande que cualquiera de las soluciones.

Dentro de las naciones ha habido una extendida preocupación por el orden y la paz social, que sea como haya sido entendida, se desarrolla bajo muchos supuestos. Unos más brillantes que otros, que las posicionan en la base de la construcción del orden sistematizado y afecto al ‘jodicio’ o mejor conocido como el gobierno.

Esta curiosa institución/órgano “garantiza” cierta tranquilidad en la convivencia dentro de la ciudad a través de acciones supuestamente bien planeadas y estructuradas.

Estas acciones recaen en organelos que, programados y organizados para funcionar, no funcionan y eso está más que claro.

Se matan estudiantes, mujeres, niños, ancianos y algunos más, no por gusto claro está, sino por una red viciosa de deficiencias que hasta ahora se ha apañando muy bien.

Pero, hay algo mal aquí…

Seguridades que no protegen a nadie, planes que no funcionan, gente que simplemente no conecta con el sistema (por alguna razón). Todo funciona así (o no), pero de alguna manera allí están, legítimas y perpetuas como si los años no les hubieran pasado por encima.

Y justo allí está el hecho para darse cuenta (pero, ¿de qué?)

Una máquina remendada, parchada, hasta tuneada que nada tendría que hacer, pero que con muchas correcciones sigue funcionando.

Después estamos nosotros, inmersos en aquella tumultuosa dinámica puñetera que nunca a producido algo bueno, o al menos, algo suficientemente bueno para nosotros.

Ahora sí nos damos cuenta, aunque realmente tal idea no exista

¡Estamos total y completamente concentrados en sobrevivir dentro de las miserias de la participación que la maquinita gubernamental nos dejó!

Si nos abstenemos de cubrir esos problemas propios del “problemático armatoste gubernamental” nos morimos, o peor, nos devoran miserablemente.

Entonces, asimilado/absorbido en esta turbulencia y sobretodo acostumbrado a ella, ¿quién se atreve a cuestionar nuestros magnánimos modos de vivir en santa paz y orden si aunque no funcionen, funcionan?

Pero mis palabras no deberían preocupar, porque entiendo perfectamente que no protestes, que no rompas, que no grites, que no pintes, que no quemes si al fin y al cabo tienes mucho que perder. Por ejemplo: tu eficiente sistema de salud, tu seguridad pública, tu sistema educativo de calidad, tu acceso a la justicia, tus oportunidades laborales, tu sueldo justo, tu acceso a la vivienda, etc.

– Ah, si! No los tienes –

Y, atreviéndome descaradamente a comentar sobre el paro nacional de mujeres del 9 de Marzo y finalizando. Si el objeto del movimiento fracasa o triunfa me da igual.

Pero surgió el descontento por la irresponsabilidad del gobierno mexicano para valorar la vida y la paz.

Y lo que sea que pase pondrá de relieve qué tanta verga les valía y qué tanta verga les valemos. Probando así que ni los medios correctos, ni la protesta pacífica nos va a servir de un carajo.

Y, en el caso de que el gobierno abra los oídos y ojos, sus instituciones y acciones resultarán incompetentes y tristemente rebasadas.

– No le pida justicia al sistema que ya no la tiene. –

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