ENSAYOS

LE TENGO RABIA AL SILENCIO

Fotografía: Rolando Ramos Cardona

El presente está lleno de fantasmas, la realidad es igual de frágil que un vaso de vidrio que cae al suelo y se hace pedazos. Así de fácil se crean los fantasmas en México, cada vaso roto por un descuido, por un susto, equivale a un asesinato y el lamento de una madre que le han quitado a su hijo.

Hoy se cayó el vaso que contenía la salsa de mi abuela, detrás del ruido de los camiones sonó un disparo. Es difícil discernir en que se han convertido los días, vasos rotos, lágrimas y el rostro de los desaparecidos.

Estoy cansada de cada encabezado violento, es momento de respirar unos minutos, es momento de que la memoria social sea inherente al día a día, hoy que el presente es la sentencia de la muerte y la sobrevivencia del mexicano, bastan unos minutos para mirar el cielo y que el dolor de uno sea el dolor de todos.

Las cifras rojas, el circo político, machismo, intolerancia, ignorancia ¿Qué sucede con la naturaleza del hombre? Pareciera un retroceso, la manifestación primitiva de un ser que no ha aprendido de sus errores.

La memoria es un repertorio de sucesos inamovibles, irremediables. Lo que se guarda en la memoria no desaparecerá jamás: El presente es constantemente golpeado por el pasado, somete sus leyes al futuro.

¿Qué pasa si decidimos por voluntad olvidar? Sigamos utilizando la metáfora: ¿Qué pasa si ignoramos el vaso que cae? Tarde o temprano, caminaremos y nos encontraremos con los cristales rotos, los pisaremos, el final es azaroso, podemos ser nosotros los desafortunados y sentir la sangre correr, puede ser también una persona amada.

La memoria social es un deber con el que nacemos, y el presente lo requiere más que nunca, no olvidar para no repetir, no olvidar para que los muertos tengan justicia, no solo se trata de compartir noticias y dejar clara la disyuntiva con el gobierno: Se trata de sentir el dolor ajeno, porque solo sintiéndolo se agarra el coraje para resistir contra la desgracia.

México es un ente de tragedia, me recuerda a un fragmento de Pedro Páramo: “Hay pueblos que saben a desdicha. Se les conoce con sorber un poco de aire viejo y entumido, pobre y flaco como todo lo viejo” está en nuestras manos que cada grito de verdad quede grabado en el tiempo y que no se olvide. Hoy estamos mal, ayer también lo estuvimos, es fácil predecir el devenir, pero mientras quede alguien que recuerde la lucha de todos por una vida justa y una muerte honrada, vale la pena seguir.

Le tengo rabia al silencio
Por todo lo que perdí.
Que no se quede callado
Quien quiera vivir feliz.

-Atahualpa Yupanqui

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