DESIGUALDAD ENSAYOS

TODOS ODIAMOS A LA POLICÍA

Ilustración: Daniel Méndez

La policía debería de ser nuestro aliado, el cuál nos cuide al salir a la calle y al verlos nos podamos sentir seguros, lamentablemente los vemos como un poder que cuando esta presente en lugar de sentir seguridad nos sentimos acosados. Hablando de poder dejemos claro que este es una relación de dominio, de opresión, de sometimiento. Si bien el poder tiene múltiples formas la de mayor importancia, jerarquía y alcance, la que actualmente ordena todas las demás, es la relación de dominación que se nos garantizada por el Estado.

El Estado capitalista es la más importante de las relaciones de dominio. Es un instrumento de dominación de clase. Su papel es velar por la propiedad privada y dar garantías de explotación de la población trabajadora, el someter al proletario. Su fuerza viene, como relación de opresión, por la apropiación del uso de la violencia.

La policía es un instrumento de represión del Estado contra sus gobernados. Son el aparato especial, preparado para reprimir e imponer violentamente la voluntad de los jefes a los trabajadores y el pueblo.

Los policías no se identifica con los demás seres de la clase trabajadora, porque sienten superiores sobre este escalón de poder impuesto por nuestra sociedad, buscando su beneficio en lugar de la seguridad que deberían de brindar. No hay policía buena: su esencia es imponer violentamente la coerción y los que no cumplen por completo su papel suelen estar inmersos en áreas de corrupción, donde no sabemos cual de los dos casos es el peor para nosotros.

Al dejar claro el papel de la policía en nuestro mágico país, hablaremos de las razones principales de porque la tendencia es odiar a la policía:

  1. La hiperespecialización del trabajo en las sociedades contemporáneas.
  2. La paradoja del intento de autocontrol en toda sociedad.

El segundo punto ya lo hemos dejado claro, pero, la hiperespecialización del trabajo es una tendencia en las sociedades contemporáneas que ha venido en aumento al menos desde Taylor y Ford. La hiperespecialización, en relación a la policía, hace que estos sujetos queden encadenados a una labor clara y no puedan salirse de ella para cuestionarla respecto de la sociedad en general. Pareciera que estos sujetos no tienen conciencia propia, sino que simplemente cumplen órdenes sin importar lo absurdas que éstas puedan ser o no. El odio a la policía viene cuando ésta cumple con una labor que se considera absurda. Pero hay que ver que todas las labores de la policía son absurdas.

Así pues, en buena medida, la corrupción y el abuso por parte de la autoridad, son ingredientes que nuestras instituciones policiales padecen debido a condiciones estructurales creadas desde el poder político, que la ha formado a su modo para mantener el control social y aprovechar los beneficios que sus características permiten, lo que provoca que tengan un desempeño poco aceptable, como se verá más adelante.

Según el artículo Relaciones de autoridad y abuso policial en la Ciudad de México,

“el abuso policial es un fenómeno complejo que obedece a factores de diferentes niveles. Comprende formas tradicionales de efectuar el trabajo policial ajenas a principios democráticos, en las que el control sobre la población, en particular sobre ciertos grupos, es visto como una capacidad ‘natural’ de su trabajo; incluye prácticas de extorsión a la ciudadanía ampliamente institucionalizadas, y depende de factores culturales de la organización policial, no ajenos al resto de la sociedad, en los que se establecen pautas morales sobre quién merece ser castigado”.

Aunque debemos tener claro que sí odiamos a la policía, en algún punto vamos a caer en cuenta rápidamente de que casi cualquier acción de la vida cotidiana contribuye a mantener el mismo orden policiaco del que nos quejamos, seguimos creyendo que la policía debería servir para el bien y el orden, aunque no hay medias tintas: los policías no son buenos, son el brazo armado de los exploradores, porque para ser policías buenos deben ser totalmente injustos y absurdos en otros momentos.

Esto lleva a una lista de abusos interminables por parte de ellos hacia nosotros desde sobornos hasta casos de violación, cosas que llevan a los movimientos sociales más importantes de la actualidad a ver como su peor enemigo a la policía, porque en ellos no deberíamos de confiar y seguimos creyendo que algo bueno tendrán.

Nuestro error quizá es aún esperar algo de ella. Está bien. Ése es nuestro error, pero no tenemos más opciones que seguir cometiendo errores por mientras llegamos o construimos la utopía, aún sabiendo que nunca lo haremos. Porque ya no pueden seguir sucediendo, los atropellos que la Policía comete a diario contra una ciudadanía que la detesta.

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